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11/9/2011

Desmitificando el "sacrificio humano" entre los mayas (2da. parte)

Siguiendo por correo electrónico mi conversación con la Dra. Elizabeth Graham, ella me expone con mayor detalle su crítica a la idea del "sacrificio humano" para explicar la ejecución pública de individuos entre los mayas y los aztecas. Entre otras cosas, me indica que sus argumentos se presentan de forma más extensa en un libro suyo de reciente aparición Los Mayas Cristianos y Sus Iglesias en el Siglo XVI en Belice”.

En el capítulo segundo, me dice, la línea argumental que utiliza es la siguiente: Explico (usando el maravilloso trabajo de los estudiosos Sergio Quezada y Tsubasa Okoshi, así como Simon Martin y Nikolai Grube sobre las ciudades-estado) que los territorios [mayas] no estaban 'delimitados'. La riqueza era acumulada a través del acceso al tributo, no al territorio. Las guerras se peleaban (como en todo el mundo) de forma que la gente pudiera incrementar su riqueza y su poder. Pero la forma de apropiarse de la riqueza (mi teoría) era que las élites tenían que capturar a otras élites en combate, y cuando alguien era capturado, el cautivo perdía por lo tanto sus derechos al tributo en favor de su captor. Probablemente había muchas negociaciones, y en la mayoría de los casos, las personas no eran ejecutadas. Pero cuando sí eran ejecutadas (los registros nos dicen que en los templos), ésta era una CONTINUACIÓN DE LA GUERRA y así es como se justificaba entre los mayas y entre los aztecas. Los hombres no morían en el fragor de la pelea en el campo de batalla. Esa es una convención europea. Los hombres que eran capturados morían después al ser ejecutados en algún lugar de la comunidad maya, posiblemente un templo o un lugar sagrado. La información contenida en las estelas indica que su muerte era por decapitación (una práctica muy inglesa también). No existen palabras en los idiomas mayas o en el náhuatl para “sacrificio” o “sacrificio humano”. Por lo tanto, el concepto no existía. Los hombres eran ejecutados y la razón principal era la guerra. […]” (En el párrafo anterior, así como en los que siguen a continuación, las mayúsculas, negritas, cursivas y subrayados son míos).

En efecto, en los textos epigráficos mayas los términos que se utilizan para describir estos eventos (de acuerdo con estudiosos como David Stuart) son: decapitar (ch’ak baah) y arrojar (yal). Éste último verbo supuestamente describe la acción que se efectuaba con las cabezas de los ejecutados, las cuáles eran despeñadas desde arriba de los templos sobre las escalinatas. De ninguno de estos verbos se puede inferir directamente que estas acciones tengan relación con una supuesta “ofrenda a los dioses”.
A un comentario mío sobre el hecho de que estas ejecuciones tendrían, de todas formas, que verse como formas rituales muy elaboradas, ella me responde: “Utilizas la expresión “altamente ritualizados” pero yo pienso que, de hecho, lo “ritual” depende del cristal con que se mire. Estamos tan acostumbrados a las formas occidentales de combate, que les atribuimos un carácter práctico más que ritual – pero la guerra es una forma ritual en todas partes. La guerra es una forma de matar socialmente aceptada, y la matanza puede ocurrir donde sea. Lo más extraño es que aceptamos la muerte en una guerra como algo legítimo. En cierta forma, el concepto de “guerra” en sí mismo es lo que representa el ritual. Estamos tan habituados a él, que no lo analizamos de esta manera.”

Ejecución de T. Armstrong (detalle)
En otro artículo escrito por esta misma investigadora acerca del “sacrificio humano” entre los aztecas, presenta de nuevo su crítica al hecho de que se le otorgue un excesivo sentido religioso a estas prácticas y nos dice: “[T]oda sociedad explica las guerras, de una forma u otra, invocando a Dios, o a algún concepto abstracto como la verdad o la justicia, aún cuando la guerra implique una ganancia económica, la cual casi siempre se logra. La guerra en Irak fue justificada por los estadounidenses como una lucha contra el Eje del Mal. Las guerras coloniales inglesas se lucharon en nombre de Dios y de la reina. Pero, ¿qué fue lo que se ganó con estas guerras? Recursos como el oro, riqueza y poder.”

A la idea de Dios, la verdad, o la justicia, podríamos agregar la de “la soberanía absoluta del monarca”, y con estos lentes voltear hacia las ejecuciones relacionadas con “alta traición” en Europa. De nuevo, el ejemplo más gráfico nos lo da el Reino Unido en la imagen de la ejecución de Thomas Armstrong en 1684, acusado de intentar asesinar a Carlos II de Inglaterra y su hermano, también por “motivos religiosos” (ver detalle arriba, cortesía de Wikipedia).

Para cerrar esta reflexión, es de esperarse que esta re-interpretación del “sacrificio humano” generará polémica, así como un fuerte debate, entre arqueólogos, epigrafistas y mayistas, en general. Por mi parte, espero pronto tener la oportunidad de leer el libro de Elizabeth Graham, y así formarme una opinión sobre la solidez de sus argumentos.

Sin embargo, lo que me parece importante de este nuevo enfoque es que nos puede ayudar a entender a los mayas y a los aztecas de una manera distinta. Ya no como los supersticiosos salvajes obsesionados con la satisfacción de las caprichosas demandas de sus dioses, sino como sociedades políticas organizadas a partir de la lógica de conquista y expansión igual que cualquier otra civilización en el mundo, incluyendo desde luego a las muy cristianas y pías monarquías europeas.
Decapitación, Chichén Itzá. Dibujo de L. Schele; cortesía FAMSI
Decapitación de Carlos I de Inglaterra, 1649 (detalle)
Arqueólogos e historiadores nos han enseñado a ver a los mayas y a los aztecas como civilizaciones de grandes logros, pero también de gran violencia. El prejuicio eurocéntrico, sin embargo, nos presenta a estos pueblos como civilizaciones decadentes, incapaces de superar el inferior estadio ideológico del “sacrificio humano” por motivos religiosos. Lo que la Dra. Graham nos propone es mirar estos ritos con ojos desprejuiciados y entenderlos por lo que tienen en común con el ritualismo militar de otros pueblos y naciones del mundo, tanto los de la antiguedad como los de la era moderna. Y así verlos como lo que probablemente son: ejecuciones públicas de los enemigos y rivales del “soberano”; propaganda militarista que se justifica en base a una interpretación “religiosa”, “filosófica”, a final de cuentas profundamente política, que propaga la ideología del poder imbatible del linaje, o la clase gobernante. En este sentido, nótese como las escenas de decapitación maya e inglesa, de las imágenes anteriores, parecieran ilustraciones de “ceremonias” fundamentalmente idénticas.

Visto de esa manera pareciera que pocas “civilizaciones” en el mundo han superado la “etapa primitiva” del “sacrificio humano” (ciertamente, en el Reino Unido, la sanguinaria costumbre de “colgar, eviscerar y descuartizar” a los culpables de “alta traición” solamente se volvió obsoleta hacia 1870, y formalmente se abolió unicamente hasta 1998), a pesar de los discursos en boga que hablan de “guerras humanitarias”, “bombardeos inteligentes”, o “ejecuciones selectivas”.

4/9/2011

Desmitificando el “sacrificio humano” entre los mayas (1ra. parte)

Una de las imágenes más arraigadas en el imaginario de los europeos y las élites mestizas acerca de las culturas originarias de América es la de la práctica generalizada de los “sacrificios humanos”. Aunque en un principio su existencia fue puesta en tela de juicio, hoy día existe un amplio consenso entre los estudiosos de la América precolombina acerca de la presencia de estas "inmolaciones". Los debates se centran ahora en la importancia que esta práctica supuestamente tenía en el pensamiento religioso y político de sociedades amerindias, como la de los aztecas y los mayas. La centralidad de los “sacrificios humanos” es ofrecida en ocasiones como prueba de lo supersticiosas que eran estas sociedades y de lo poco que valoraban la vida humana, en oposición a las prácticas y creencias más devotas del cristianismo europeo medieval.

La presunción de que entre los aztecas y los mayas existió la noción del “sacrificio humano” se basa en la interpretación del asesinato de individuos en los templos como una forma de “aplacar la ira de los dioses” para “mantener el orden cósmico”. Sin embargo, la arqueóloga británica Elizabeth Graham rechaza la idea del “sacrificio” para explicar estas prácticas, y a partir de su trabajo de investigación ha tratado de demostrar que el homicidio público de individuos cumplía fundamentalmente una función político-militar, tanto entre los mayas como entre los aztecas. Una muestra de su trabajo es el artículo de divulgación que abajo traduzco con su autorización. El texto en cursivas y en negritas ha sido resaltado por mí.

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La sustancia vital de los mayas

Traducción del artículo “Lifeblood of the Maya” de Elizabeth Graham, publicado el 9 de noviembre de 2010 en el suplemento “The Ancient World”, del periódico The Guardian, en coordinación con El Museo Británico.

Detalle de mural de Bonampak
En general, sabemos mucho más acerca de las clases altas en la sociedad maya antigua que de los ciudadanos comunes. Esto es debido a que los gobernantes y los nobles dejaron registrados a su paso pinturas en cerámica y monumentos tallados en piedra que describen e ilustran aspectos de la vida cortesana así como de sus relaciones con la gente de otras ciudades y pueblos. Sabemos, por ejemplo, que las danzas rituales fueron muy importantes ya que hombres y mujeres de alto rango aparecen frecuentemente danzando en escenas cortesanas.

Los gobernantes también son representados en el acto de sacarse sangre – el llamado “auto-sacrificio”. Estos se muestran pinchándose partes del cuerpo con un objeto punzante de obsidiana (un cristal volcánico oscuro) o a veces con la espina de una raya o un espino vegetal, y dejando que la sangre salpique y sea absorbida por pedazos de papel depositados en un tazón o canasta. El contenido de estos recipientes sería posteriormente quemado. A veces, los hombres se pinchaban el lóbulo de la oreja, el dedo, o el pene, mientras que las mujeres se pinchaban la lengua.

Sacrificio

Por lo que sabemos, solamente los gobernantes y sus familias llevaban a cabo el “auto-sacrificio”. El sangrado era un ritual que se realizaba por el bienestar público, presuntamente como ofrenda a los dioses. Las inscripciones en los monumentos de piedra llamados estelas, que se hacían erigir en las plazas y enfrente de los templos, también nos dicen que los gobernantes mayas y sus seguidores hacían la guerra.

Sin embargo, los cautivos de guerra que aparecen en estas estelas o en la cerámica no eran gente del pueblo – contrario a lo que Mel Gibson nos muestra en su película Apocalypto. En realidad, estos personajes pertenecen a la nobleza. Al igual que en la Inglaterra medieval, las guerras eran ocupación de los reyes y los señores feudales, y se peleaba para ganar poder, prestigio y riqueza. Morir en el campo de batalla no era el objetivo de las guerras. Por el contrario, lo que se intentaba era capturar a los nobles y gobernantes de alto rango de las ciudades rivales. Al verse sojuzgados, los prisioneros eran incapaces de impedir que sus derechos y privilegios pasaran a manos de sus captores. De esta forma, la riqueza y el poder de unos pasaban a manos de otros.

¿Qué les ocurría a los prisioneros? Los registros jeroglíficos nos enseñan que generalmente se convertían en vasallos del gobernante que los capturaba. En otros casos, quizás hayan sido ejecutados en un templo, lo que se ha llamado comúnmente “sacrificio humano”. El problema con el término “sacrificio” es que los prisioneros eran guerreros cuya muerte pareciera estar justificada por los mayas como parte de la guerra. De hecho, no existe ningún término en las lenguas mayenses equivalente a “sacrificio humano”.

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De primera intención pareciera difícil entender por qué la arqueóloga Graham rechaza el término “sacrificio” para referirse a estas ejecuciones. La clave está en la definición que esta palabra tiene, tanto en inglés como en español. En ambos idiomas, el principal significado atribuido a “sacrificio” es “acto de ofrecer algo a una deidad en propiciación u homenaje, especialmente la matanza ritual de un animal o una persona”. De acuerdo con Graham, si aceptamos la idea de que los mayas, y los aztecas “extraían corazones” simplemente para “congraciarse con sus dioses”, estaríamos exotizando y atribuyéndole un sentido eminentemente religioso a una práctica que probablemente no lo tenía. Los europeos, y otros muchos pueblos en el mundo, también tenían por costumbre ejecutar públicamente a los representantes de los linajes a los que conquistaban y sojuzgaban, como se muestra en el detalle de la ejecución de los nobles escoceses que pretendían re-instaurar a la Casa de Estuardo en contra de la Casa de Hannover en la Inglaterra del siglo XVIII.

Decapitación de líderes de la rebelión jacobina, 1746 (Tomado de Wikipedia)


Entonces, ¿por qué a estas matanzas públicas no se les da el calificativo de "sacrificios humanos"? En la segunda parte de esta conversación, abundaré un poco más en las bases para la crítica acerca de la idea de los "sacrificios humanos" de esta estudiosa de la arqueología y la historia mayas.

1/6/2011

Aprendizaje experto: ideas frescas sobre la educación maya prehispánica

En la tercera edición de su libro “Tradiciones educativas no-occidentales: enfoquesindígenas sobre el pensamiento y la práctica educativos”, el educador y lingüista estadounidense Timothy G. Reagan nos ofrece una visión más actualizada de este aspecto de la sociedad maya antigua, inspirada en los más recientes hallazgos de la arqueología y el estudio comparado de la literatura prehispánica y colonial.

    De manera significativa, Reagan reconoce que no existe hasta ahora evidencia de que la educación entre los mayas prehispánicos se llevara a cabo en “escuelas”, como las que supuestamente existieron entre los aztecas, llamadas calmécac y telpochcalli. Lo que sí es evidente, dadas “la presencia de una literatura escrita altamente compleja, producida por escribas, así como la clara existencia de conocimientos arquitectónicos, ingenieriles, matemáticos y astronómicos, por no mencionar las que fueron evidentemente prácticas religiosas altamente ritualizadas” (94) es que sí existía una educación formal dirigida hacia ciertos individuos pertenecientes a determinadas clases sociales.

    Basándose en el trabajo del arqueólogo Robert Sharer, Reagan nos dice que ciertos niños eran seleccionados en base a sus aptitudes o posición social para ser educados en el desempeño de roles especializados. La forma en que esto ocurría era a través de la adopción de estos niños y jóvenes como aprendices por parte de los especialistas mayas. De esta forma, escribas, sacerdotes, constructores, canteros, escultores, pintores, alfareros, entre otros expertos, reclutaban novatos para entrenarlos en el oficio.

Photo by Carol Blyberg (CC)
    Siguiendo a Ana Luisa Izquierdo, Reagan subraya que la educación maya prehispánica era de un carácter profundamente religioso. En este punto específico, me parece que Reagan, al igual que Izquierdo, tiende a esencializar a los mayas prehispánicos, sobre todo al afirmar que logros tales como el alto conocimiento, la integración social o el éxito personal eran solamente reconocidos cuando éstos apuntaban al cumplimiento de su misión intrínseca, la de rendir culto a la divinidad, y que todas las actividades cotidianas del “hombre maya” tenían por tanto una orientación religiosa. A mi parecer, resulta difícil saber hasta qué punto los aspectos sacros en los procesos de instrucción y aprendizaje entre los mayas tuvieron más peso que consideraciones prácticas, estéticas, o incluso, hedonísticas.

    Existe por otra parte evidencia de que la crianza y educación infantil seguirían, de acuerdo con Reagan, una orientación socialmente conservadora, al promover la conformidad del individuo con los valores de la sociedad y la aceptación del papel que cada persona tenía asignado en ella. Sobre esto nos dice que: “La costumbre y la religión gobernaban virtualmente todos los aspectos del ciclo de vida de un individuo, y tanto la educación formal como la informal no eran la excepción” (94-95).

    Reagan considera que la tradición se preservaba a través de mecanismos de aprendizaje basados en la transmisión oral. De esta manera, los mayas transmitirían y se apropiarían de conceptos, ideas y valores por medio de la memorización de las palabras que contenían estos elementos. Reagan reconoce que si bien este método tiene muchas ventajas, restringiría el desarrollo de lo que hoy llamaríamos “pensamiento crítico” y la creatividad, una afirmación que me parece (a la luz del trabajo de otros antropólogos como Jean Lave, Tim Ingold, y Trevor Marchand) que tendría que ser reconsiderada. Sobre este aspecto en particular espero poder escribir con más detalle en una futura entrada de este blog.

    Reagan también discute la epistemología y la implícita teoría del aprendizaje maya. Su propuesta al respecto se basa en la historia narrada en el Popol Vuh, según la cual los primeros hombres y mujeres de la creación tenían todos los atributos y poderes de los dioses.
“Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.”
    Pero los dioses no estaban contentos con esta condición humana y decidieron nublar la capacidad de los primeros hombres y mujeres para ver y conocer el mundo. 
“Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.”
    Reagan subraya la extraordinaria similitud entre esta metáfora acerca de la limitada capacidad de conocimiento de los seres humanos en la mitología maya, con el mito bíblico de la Torre de Babel, así como la teoría del conocimiento expuesta por Platón en el mito de la caverna.

    Para mí, lo más importante en este breve capítulo de un libro que aspira a hacer notar la valiosa diversidad de aproximaciones a la educación y el aprendizaje que existieron y aún existen en el mundo, es que en éste se destacan dos elementos sumamente cruciales para entender la transmisión de conocimientos entre los mayas: 1) las relaciones especialista-aprendiz como un principio educativo central de múltiples procesos de aprendizaje en la práctica, así como 2) la metáfora propuesta en el relato mito-histórico que vincula la observación con la capacidad de conocer.

Reagan, Timothy G. (2005). Non-Western educational traditions: Indigenous approaches to educational thought and practice. 3rd. Edition; London : Lawrence Erlbaum Associates.