1 jun. 2011

Aprendizaje experto: ideas frescas sobre la educación maya prehispánica

En la tercera edición de su libro “Tradiciones educativas no-occidentales: enfoquesindígenas sobre el pensamiento y la práctica educativos”, el educador y lingüista estadounidense Timothy G. Reagan nos ofrece una visión más actualizada de este aspecto de la sociedad maya antigua, inspirada en los más recientes hallazgos de la arqueología y el estudio comparado de la literatura prehispánica y colonial.

    De manera significativa, Reagan reconoce que no existe hasta ahora evidencia de que la educación entre los mayas prehispánicos se llevara a cabo en “escuelas”, como las que supuestamente existieron entre los aztecas, llamadas calmécac y telpochcalli. Lo que sí es evidente, dadas “la presencia de una literatura escrita altamente compleja, producida por escribas, así como la clara existencia de conocimientos arquitectónicos, ingenieriles, matemáticos y astronómicos, por no mencionar las que fueron evidentemente prácticas religiosas altamente ritualizadas” (94) es que sí existía una educación formal dirigida hacia ciertos individuos pertenecientes a determinadas clases sociales.

    Basándose en el trabajo del arqueólogo Robert Sharer, Reagan nos dice que ciertos niños eran seleccionados en base a sus aptitudes o posición social para ser educados en el desempeño de roles especializados. La forma en que esto ocurría era a través de la adopción de estos niños y jóvenes como aprendices por parte de los especialistas mayas. De esta forma, escribas, sacerdotes, constructores, canteros, escultores, pintores, alfareros, entre otros expertos, reclutaban novatos para entrenarlos en el oficio.

Photo by Carol Blyberg (CC)
    Siguiendo a Ana Luisa Izquierdo, Reagan subraya que la educación maya prehispánica era de un carácter profundamente religioso. En este punto específico, me parece que Reagan, al igual que Izquierdo, tiende a esencializar a los mayas prehispánicos, sobre todo al afirmar que logros tales como el alto conocimiento, la integración social o el éxito personal eran solamente reconocidos cuando éstos apuntaban al cumplimiento de su misión intrínseca, la de rendir culto a la divinidad, y que todas las actividades cotidianas del “hombre maya” tenían por tanto una orientación religiosa. A mi parecer, resulta difícil saber hasta qué punto los aspectos sacros en los procesos de instrucción y aprendizaje entre los mayas tuvieron más peso que consideraciones prácticas, estéticas, o incluso, hedonísticas.

    Existe por otra parte evidencia de que la crianza y educación infantil seguirían, de acuerdo con Reagan, una orientación socialmente conservadora, al promover la conformidad del individuo con los valores de la sociedad y la aceptación del papel que cada persona tenía asignado en ella. Sobre esto nos dice que: “La costumbre y la religión gobernaban virtualmente todos los aspectos del ciclo de vida de un individuo, y tanto la educación formal como la informal no eran la excepción” (94-95).

    Reagan considera que la tradición se preservaba a través de mecanismos de aprendizaje basados en la transmisión oral. De esta manera, los mayas transmitirían y se apropiarían de conceptos, ideas y valores por medio de la memorización de las palabras que contenían estos elementos. Reagan reconoce que si bien este método tiene muchas ventajas, restringiría el desarrollo de lo que hoy llamaríamos “pensamiento crítico” y la creatividad, una afirmación que me parece (a la luz del trabajo de otros antropólogos como Jean Lave, Tim Ingold, y Trevor Marchand) que tendría que ser reconsiderada. Sobre este aspecto en particular espero poder escribir con más detalle en una futura entrada de este blog.

    Reagan también discute la epistemología y la implícita teoría del aprendizaje maya. Su propuesta al respecto se basa en la historia narrada en el Popol Vuh, según la cual los primeros hombres y mujeres de la creación tenían todos los atributos y poderes de los dioses.
“Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.”
    Pero los dioses no estaban contentos con esta condición humana y decidieron nublar la capacidad de los primeros hombres y mujeres para ver y conocer el mundo. 
“Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos.”
    Reagan subraya la extraordinaria similitud entre esta metáfora acerca de la limitada capacidad de conocimiento de los seres humanos en la mitología maya, con el mito bíblico de la Torre de Babel, así como la teoría del conocimiento expuesta por Platón en el mito de la caverna.

    Para mí, lo más importante en este breve capítulo de un libro que aspira a hacer notar la valiosa diversidad de aproximaciones a la educación y el aprendizaje que existieron y aún existen en el mundo, es que en éste se destacan dos elementos sumamente cruciales para entender la transmisión de conocimientos entre los mayas: 1) las relaciones especialista-aprendiz como un principio educativo central de múltiples procesos de aprendizaje en la práctica, así como 2) la metáfora propuesta en el relato mito-histórico que vincula la observación con la capacidad de conocer.

Reagan, Timothy G. (2005). Non-Western educational traditions: Indigenous approaches to educational thought and practice. 3rd. Edition; London : Lawrence Erlbaum Associates.